La revisión del programa de desarrollo de la aviación civil en Russia no garantiza el cumplimiento de los planes anunciados. Los problemas clave del sector —falta de personal, déficit de componentes y financiación limitada— aún no se han resuelto, según informó Vedomosti.
Una de las principales dificultades es el déficit de personal. Los aviones civiles se ensamblan en las mismas empresas que el equipo militar, lo que provoca que los recursos se redistribuyan a favor de los pedidos de defensa. Por ejemplo, Yakovlev, donde se produce el MS-21, está históricamente orientada a la fabricación de aviones de combate de la KB Sukhogo.
Una situación similar ocurre con los componentes. La industria debe establecer paralelamente la sustitución de importaciones de decenas de sistemas. Como resultado, a finales de 2024, en las fábricas de Irkutsk y Komsomolsk-na-Amure se acumularon unos 40 fuselajes de aviones sin las piezas necesarias.
La financiación genera una presión adicional. Según estimaciones del Minpromtorg de Russia, el programa requerirá más de 3 billones de rublos hasta el año 2035. Estos fondos permitirán producir unos 570 aviones, a pesar de que los planes actuales hasta 2030 prevén 994 máquinas.
Si se revisan los parámetros, los volúmenes de producción podrían reducirse en más del 40%, y los plazos de ejecución del programa podrían casi duplicarse.
El economista Dmitry Tortev señaló que otro "freno" para la industria aeronáutica rusa no ha sido la falta de tecnología, sino el ciclo interminable de "pruebas – mejoras – nueva certificación".
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