El Superjet 100 ruso con motores PD-8 ha entrado en la recta final de la certificación. El segundo prototipo del avión ha comenzado a realizar las pruebas de vuelo más complejas, incluyendo los regímenes de «dientes» y «drag-checks».
Estas pruebas, que requieren una precisión de joyería por parte de la tripulación, permitirán evaluar cómo se comporta la nueva planta motriz en condiciones extremas, desde ascensos bruscos hasta vuelos prolongados a empuje constante.
Durante las pruebas, se presta especial atención a la estabilidad gasodinámica de los motores PD-8, un parámetro clave para la seguridad de los vuelos. Los pilotos comprueban cómo reacciona la planta motriz a los cambios bruscos de velocidad y altitud, simulando escenarios críticos.
Los «drag-checks», realizados en regímenes fijos, ayudan a determinar las características reales de despegue y aterrizaje y la eficiencia del empuje en condiciones cercanas a la carga máxima.
La complejidad de las pruebas se subraya en la Corporación Aeronáutica Unida: mantener los parámetros establecidos requiere de los pilotos no solo maestría, sino también resistencia. Un error en una fracción de segundo puede distorsionar los datos, por lo que cada maniobra se practica hasta el automatismo.
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