Lo que se consideraba basura prácticamente eterna podría ser reciclado con la ayuda de organismos vivos. Científicos rusos del Instituto de Problemas de Ecología y Evolución A. N. Severtsov (IPEE de la Academia de Ciencias de Rusia) descubrieron que las larvas del escarabajo tenebriónido Ulomoides dermestoides son capaces de comer literalmente poliestireno, el plástico con el que se fabrican envases, contenedores y vajillas desechables.
En el laboratorio, los científicos ofrecieron a los insectos trozos de poliestireno expandido de diferentes tamaños. El resultado fue inesperado: las larvas comenzaron a dañar y destruir activamente el material.
Durante el experimento, algunas muestras de plástico perdieron hasta el 68% de su masa.
Cuanto más pequeño era el trozo de poliestireno, más rápido se producía su destrucción. Sin embargo, el efecto más notable apareció solo después de cuatro semanas, cuando las larvas alcanzaron la etapa de desarrollo más avanzada.
Los daños al plástico se producen por el trabajo de las poderosas mandíbulas de los insectos, que literalmente roen la superficie del material.
Parte del plástico se procesa dentro del organismo, y los fragmentos no digeridos se excretan al exterior en forma de microplásticos.
Al mismo tiempo, los científicos no encontraron ningún efecto tóxico del poliestireno en las propias larvas.
Los investigadores creen que mecanismos similares podrían convertirse en la base de nuevas biotecnologías de reciclaje de plástico que ayuden a reducir la escala de la contaminación plástica del planeta.
El trabajo se realizó con el apoyo de la Fundación Científica Rusa.