La misión "Soyuz-Apolo" comenzó con un ambicioso acuerdo firmado entre la URSS y EE. UU. el 24 de mayo de 1972. Era un período en el que la carrera espacial estaba en pleno apogeo, y cada país se esforzaba por demostrar su superioridad. Sin embargo, en lugar de competir, los líderes decidieron unir fuerzas. La tarea principal fue superar las barreras técnicas: las naves "Soyuz" y "Apolo" eran tan diferentes que su acoplamiento parecía casi imposible.
Dos naves espaciales, creadas en diferentes partes del mundo, se encuentran en órbita. Sus tripulaciones, hablando diferentes idiomas, se dan la mano a través de una escotilla abierta. La misión, conocida como EPAS (Vuelo Experimental "Apolo"–"Soyuz"), se convirtió en un símbolo de cooperación científica.
La nave soviética "Soyuz" era compacta, diseñada para dos cosmonautas, con una construcción simple pero confiable. El "Apolo" estadounidense, por el contrario, era un aparato complejo, creado para vuelos a la Luna, con tres astronautas a bordo. Incluso los sistemas de acoplamiento eran diferentes: el "Soyuz" tenía un mecanismo de "aguijón-cono", el "Apolo" tenía un módulo de acoplamiento más complejo. Además, la atmósfera dentro de las naves era diferente: en el "Soyuz" se usaba aire con una presión cercana a la terrestre, y en el "Apolo" — oxígeno puro a baja presión. Para que el acoplamiento fuera posible, los ingenieros desarrollaron un módulo de transición especial: un nodo de acoplamiento "andrógeno", que se convirtió en el prototipo de los sistemas modernos de la ISS.
La preparación tomó casi cinco años. Los ingenieros soviéticos y estadounidenses resolvieron conjuntamente problemas técnicos, y los cosmonautas y astronautas aprendieron a entenderse, estudiando idiomas y cultura.
No solo nos conocimos bien. Nos acercamos humanamente.
Momento histórico
El 15 de julio de 1975, el "Soyuz-19" despegó del cosmódromo de Baikonur con la tripulación: el comandante Alexei Leonov, la primera persona en salir al espacio abierto, y el ingeniero de a bordo Valery Kubasov. Siete horas y media después, el "Apolo" despegó del Cabo Cañaveral con los astronautas Thomas Stafford, Vance Brand y Donald Slayton. Dos días después, el 17 de julio a las 19:09 hora de Moscú, las naves se acoplaron en órbita. Millones de personas en todo el mundo lo siguieron en vivo.
Thomas Stafford fue el primero en pasar al "Soyuz".
Abro la escotilla y veo la cara sonriente de Tom frente a mí. Hemos estado caminando hacia esto durante tres años. Lo tomé de la mano y lo arrastré a mi nave.
Este momento, llamado "apretón de manos en el espacio", se convirtió en un símbolo de unidad. Las tripulaciones intercambiaron banderas, firmaron un documento conjunto e incluso organizaron una cena amistosa.
La hospitalidad rusa es conocida, pero no esperaba que mis camaradas la aprovecharan al máximo.
Ciencia en órbita
La misión "Soyuz-Apolo" no fue solo un gesto simbólico, sino también un importante proyecto científico. Durante 46 horas de vuelo conjunto, las tripulaciones realizaron una serie de experimentos. Uno de los más inusuales fue el experimento "VOAL" o "Horno espacial" — un intento de crear una aleación de tungsteno y aluminio en el espacio. El nombre "VOAL" proviene de la abreviatura de estos dos metales, y la idea del experimento en sí parecía casi fantástica. En la Tierra, crear tal aleación es extremadamente difícil: el tungsteno se derrite a un récord de 3422°C, y el aluminio para entonces ya se ha convertido en gas (su punto de ebullición es de 2518°C). En condiciones normales, solo se pueden sinterizar metales, creando una fina capa de uno sobre otro.
Pero en la ingravidez todo cambió. A bordo del "Soyuz" había un horno especial que calentaba los materiales hasta 1000°C. En condiciones de microgravedad, fue posible obtener materiales fundamentalmente nuevos: intermetálicos con una estructura cristalina única. Estas aleaciones combinaban la resistencia del tungsteno y la ligereza del aluminio, abriendo perspectivas para la creación de estructuras ultraligeras y resistentes al calor. Aunque la producción industrial de tales materiales en el espacio aún no se ha establecido, el experimento "VOAL" demostró: un laboratorio orbital puede dar lo que es imposible en la Tierra.
Nuestro vuelo es de gran importancia no solo para la distensión de la tensión internacional, sino también para la seguridad de los vuelos espaciales, para la ciencia. Realizamos varios experimentos muy interesantes en este vuelo, pero me gustaría destacar el "horno universal". Las muestras que trajimos del espacio se están estudiando en institutos. Las conclusiones finales se pueden sacar un poco más tarde, pero ya está claro que después de nuestro vuelo nació la metalurgia espacial. En órbita, se pueden crear materiales nuevos e inusuales que necesitan diversas industrias, principalmente la electrónica. Además, su producción en el espacio es mucho más eficiente que en las condiciones terrestres. Ahora puedo predecir con seguridad un auge en la tecnología metalúrgica extraterrestre.
El 19 de julio, las naves se desacoplaron, realizaron un nuevo acoplamiento para pruebas adicionales y finalmente se separaron. El "Soyuz-19" aterrizó el 21 de julio en Kazajstán, y el "Apolo" amerizó en el Océano Pacífico el 25 de julio.
Pensé que, al abrir las escotillas en el espacio, estábamos abriendo una nueva era en la historia de la humanidad.
Esta misión sentó las bases para la cooperación internacional en el espacio, que luego se materializó en la creación de la Estación Espacial Internacional (ISS).
Alexei Leonov, cuyos talentos artísticos complementaban su experiencia como cosmonauta, creó retratos de colegas estadounidenses en órbita y luego escribió el libro "Viento solar", donde describió la misión en detalle.
Ni una sola vez ninguno de los participantes del programa "Soyuz-Apolo" dijo una sola palabra desagradable sobre la otra parte.
La misión "Soyuz-Apolo" demostró que la ciencia y la búsqueda del conocimiento pueden unir a las personas. Se convirtió en un ejemplo de cómo el trabajo conjunto por un objetivo común puede superar las barreras. Hoy, cuando las tripulaciones internacionales trabajan en la ISS y los planes de vuelos a Marte se están convirtiendo en realidad, el "apretón de manos en el espacio" sigue siendo un símbolo inspirador.
El espacio no pertenece a un solo país. Pertenece a todos los que están dispuestos a explorarlo juntos.
Han pasado casi 50 años desde el histórico apretón de manos en órbita, pero el espíritu de cooperación establecido por las tripulaciones del "Soyuz" y el "Apolo" sigue vivo. En abril de 2025, la nave "Soyuz MS-27" partió hacia la Estación Espacial Internacional con una tripulación internacional a bordo: los cosmonautas rusos Alexei Zubritsky, Sergei Ryzhikov y el astronauta estadounidense de la NASA Johnny Kim. El trabajo conjunto en la ISS hoy incluye docenas de experimentos científicos, desde estudiar el impacto de la ingravidez en el cuerpo humano hasta probar nuevos materiales. Y si en 1975 los cosmonautas y astronautas solo estaban aprendiendo a trabajar juntos, hoy se ha convertido en la norma: una prueba diaria de que el espacio realmente une. Pero es importante recordar: esta norma fue posible gracias a aquellos que fueron los primeros en extender una mano a través de la cortina de hierro de la órbita. Y las nuevas generaciones de investigadores no solo tienen que continuar esta tradición, sino también llevarla a un nuevo nivel: a la Luna, Marte y más allá.
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