Investigadores de la Herzen State Pedagogical University han descubierto nuevas pruebas en el lago Onega que apoyan la hipótesis de la caída de un gran cuerpo cósmico en la Tierra hace unos 12.8 mil años, según informó el servicio de prensa de la universidad a "Pervy Tekhnichesky". El "horizonte rosa", una capa con un cambio brusco de color en los sedimentos del fondo, que se extiende por toda la superficie del lago, se convirtió en un marcador de la antigua catástrofe.

El decano de la Facultad de Geografía, Dmitry Subetto, dijo que en esta capa se encontraron altas concentraciones de partículas de óxido de hierro que varían en tamaño desde decenas hasta cientos de micrómetros. Según él, el límite claro de la capa y su amplia distribución pueden indicar una entrada externa de sustancia, por ejemplo, polvo cósmico. El hallazgo refuerza la versión de que el "horizonte rosa" está relacionado con la caída de un meteorito hace 12,900–12,800 años, lo que podría haber provocado un enfriamiento brusco durante mil años.

Para estudiar la capa, por primera vez se utilizaron mediciones magnéticas de ultraprecisión con un paso de solo 4–5 mm, lo que permitió obtener su "huella magnética" para compararla con los depósitos en otras regiones. Dentro del horizonte también se encontraron esteras microbianas y biopelículas, presumiblemente formadas a una profundidad de más de 100 metros.

La investigación permitió reconstruir la historia del lago Onega después de la última glaciación. Hace unos 13 mil años, el cuerpo de agua era tres veces más grande que el actual: su área alcanzaba los 33 mil kilómetros cuadrados, el volumen de agua era de 900 kilómetros cúbicos y la profundidad máxima llegaba a los 300 metros. En 1–2 mil años, se acumularon en él unos 52 kilómetros cúbicos de sedimentos del fondo (más de 30 mil millones de toneladas de sustancia seca), 10 veces más que en los siguientes 9–10 mil años.

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