Mikhail Maslov, ingeniero del observatorio "Vega" de la Universidad Estatal de Novosibirsk, afirmó que los meteoritos de 15 a 20 metros de tamaño todavía son raramente registrados por los sistemas de seguimiento. Dichos objetos son demasiado débiles para ser detectados de forma garantizada antes de entrar en la atmósfera, solo en casos individuales, si hay suerte.
Esto crea riesgos de que se repita la situación con el meteorito de Chelyabinsk, que entró en la atmósfera inesperadamente en febrero de 2013. En ese momento, un cuerpo celeste de unos 18 metros de diámetro y una masa de unas 10 mil toneladas explotó a una altitud de aproximadamente 20 kilómetros. La onda expansiva dañó edificios residenciales e instalaciones industriales en varias regiones de los Urales del Sur.
Anteriormente, el Instituto de Física Solar-Terrestre de la Rama Siberiana de la Academia de Ciencias de Rusia declaró que los objetos que se acercan desde el Sol, similares al meteorito de Chelyabinsk, siguen siendo imposibles de detectar en el cielo diurno. En Rusia se discutió el proyecto "Sistema de Detección de Asteroides Diurnos" (SODA), que implicaba el lanzamiento de un satélite para observar el planeta desde el Sol. Esto permitiría registrar la amenaza al menos unas horas antes de la colisión. Sin embargo, el asunto no fue más allá de las discusiones.
Los científicos instaron a incluir una iniciativa similar en el proyecto nacional "Cosmos", ya que la aparición de un segundo asteroide de este tipo podría ocurrir en cualquier momento.




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