Químicos rusos han desarrollado un líquido que puede calentarse rápidamente con un campo magnético y utilizarse para el tratamiento puntual de tumores. El material está compuesto por agua y nanopartículas estables de cobalto y hierro. Además, es capaz de acelerar las reacciones de oxidación de forma similar a la enzima natural peroxidasa. Según el servicio de prensa de RNF, el desarrollo puede encontrar aplicación no solo en la terapia tumoral, sino también en el diagnóstico médico.

La principal característica del material es que sus nanopartículas no se aglomeran. Para los líquidos magnéticos, este es un problema grave, ya que las partículas de hierro, cobalto, sus aleaciones y otros materiales magnéticos a menudo se unen en estructuras más grandes, lo que dificulta su uso.

Normalmente, se intenta proteger las nanopartículas de la aglomeración con recubrimientos especiales. Pero muchos de estos recubrimientos son tóxicos para los humanos o deterioran las propiedades de las propias partículas e impiden cambiar las características de su superficie.

Los investigadores rusos propusieron un enfoque diferente. Obtuvieron nanopartículas no tóxicas a partir de una mezcla de óxidos de cobalto y hierro. Al entrar en contacto con agua neutra o alcalina, la superficie de las partículas adquiere una carga positiva. Gracias a esto, se forma una capa protectora alrededor de las nanoestructuras, y las partículas comienzan a repelerse entre sí en lugar de aglomerarse.

Luego, los científicos seleccionaron una proporción de cobalto y hierro en la que las nanopartículas se calientan más intensamente bajo la influencia de un campo magnético. Al mismo tiempo, aceleran al máximo las reacciones de oxidación.

Aunque existen muchos materiales magnéticos similares, el nuestro se distingue por su composición química simple, lo que facilita su manejo.
Andrey Drozdov, investigador principal de la Universidad "Sirius"

Según el especialista, las soluciones estables de estas nanopartículas pueden utilizarse en lugar de enzimas costosas en la creación de biosensores, como agentes de contraste para resonancia magnética, y en dispositivos que requieren capas magnéticas delgadas. Las nanoestructuras obtenidas pueden aplicarse en la terapia puntual de tumores, la creación de biosensores y sistemas de prueba altamente sensibles para el diagnóstico de enfermedades oncológicas e infecciosas.

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