Astrofísicos registraron el desprendimiento de una gigantesca protuberancia solar de aproximadamente un millón de kilómetros de longitud. La eyección se dirige hacia el polo norte de la estrella y no representa un peligro para los planetas del Sistema Solar.

A modo de comparación: esta distancia triplica la distancia media entre la Tierra y la Luna (~384 000 km). La trayectoria del objeto está orientada casi perpendicularmente a la eclíptica —el plano de rotación de los planetas—, lo que excluye la probabilidad de un impacto directo en la magnetosfera terrestre o la infraestructura orbital.

Este tipo de eventos no se consideran únicos: a lo largo de 2025, los investigadores registraron repetidamente eyecciones de protuberancias de una escala comparable. El último caso documentado de este tipo fue registrado en noviembre del año pasado. Sin embargo, cada episodio de este tipo presenta un interés científico, ya que permite refinar los modelos de dinámica de la corona solar y los mecanismos de aceleración del plasma en condiciones de campos magnéticos extremos.

Desde el punto de vista del clima espacial, las gigantescas protuberancias se encuentran entre los fenómenos más potencialmente peligrosos. La alta densidad de la sustancia ionizada, combinada con la intensidad del campo magnético, es teóricamente capaz de provocar perturbaciones geomagnéticas, fallos en el funcionamiento de los satélites y los sistemas de navegación.

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