Investigadores de la Universidad Estatal de Tula, junto con colegas de Irkutsk, han logrado un progreso notable en el desarrollo de las llamadas "baterías vivas".
La electricidad en estos dispositivos se genera a través de procesos bioquímicos naturales que ocurren en plantas y microorganismos. Estas instalaciones, conocidas como celdas de combustible vegetal-microbianas (CFVM), no solo son ecológicas, sino que también se pueden utilizar para tratar aguas residuales. Su funcionamiento se basa en dos electrodos: el ánodo asegura el movimiento de electrones, estimulado por la actividad de las células de plantas y bacterias, y en el cátodo se produce la liberación de agua.
El principal problema era la lenta reacción catódica, que normalmente se acelera con catalizadores. Hasta ahora, se utilizaba platino caro para esto, lo que limitaba la implementación de tecnologías.
Reemplazamos el platino con dióxido de manganeso más accesible, y esto nos permitió aumentar la potencia en casi un 50%, de 20 a 33 mW/m², y también reducir la resistencia interna del sistema
Según los expertos, estos elementos son especialmente prometedores para regiones con climas cálidos y escasez de agua potable. Actualmente, el equipo está trabajando en la ampliación de la tecnología y preparándola para pruebas en condiciones reales.
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