En Rusia se está debatiendo la creación de una base de datos biométricos de estafadores telefónicos, lo que debería ayudar a combatir este tipo de delito. La idea fue planteada por el jefe del Ministerio de Desarrollo Digital, Maksut Shadayev, quien declaró que una de las medidas que se están considerando en la conferencia intersectorial es la formación de una base de muestras biométricas de estafadores. Esta base incluirá datos que permitan identificar rápidamente a los delincuentes y vincular sus acciones no a un número de teléfono o a un operador, sino directamente a la identidad del estafador.
Como datos biométricos se consideran las huellas dactilares, el ADN, las fotos de los rostros, la voz grabada, las huellas de la retina y las grabaciones de vídeo de los movimientos (andar, expresiones faciales). Para identificar a los estafadores en el espacio digital, se propone utilizar incluso datos como el estilo de escritura o el movimiento del ratón.
Sin embargo, no todos los expertos consideran eficaz esta iniciativa. Los especialistas señalan que muchos estafadores operan desde el extranjero, y el único parámetro biométrico que se puede recopilar en este caso puede ser la voz. También subrayó que las tecnologías de reconocimiento de voz aún no son tan eficaces, y que los estafadores pueden utilizar modificaciones de voz o tecnologías de "deepfake" para eludir el sistema.
A pesar de ello, la introducción de dicha base de datos podría aumentar el nivel de protección de los ciudadanos. Por ejemplo, los bancos y los servicios de mensajería podrán identificar a los estafadores y advertir a los usuarios de posibles amenazas. En particular, los bancos pueden bloquear automáticamente las operaciones si el sistema reconoce la voz de un estafador, y los servicios públicos pueden advertir sobre personas deshonestas.
Sin embargo, los expertos también advierten de los problemas jurídicos y éticos relacionados con la creación y el uso de dicha base de datos. Las cuestiones de la protección de la vida privada, la legalidad de la introducción de datos en la base de datos y el derecho de los ciudadanos a recurrir su inclusión en ella siguen abiertas. Además, existe el riesgo de filtraciones de datos y ataques a las bases de datos mediante tecnologías de inteligencia artificial, lo que podría conducir a la creación de datos biométricos falsos.