La catástrofe del An-124 en Irkutsk el 6 de diciembre de 1997 se convirtió en una de las más terribles de la historia reciente de Rusia: la caída de un pesado avión de transporte militar An-124 "Ruslán" sobre un sector residencial se cobró la vida de 72 personas. Antes de la tragedia, el gigante sufrió el fallo de tres motores a la vez.
Secuencia fatídica
Entonces, el "Ruslán", apenas elevándose sobre la pista del aeródromo de Irkutsk, perdió la tracción de tres de sus cuatro motores D-18T. La tripulación intentó mantener la máquina, pero el control se perdió de hecho, y el pesado avión se estrelló contra viviendas.
Para muchos habitantes de Irkutsk, esta fecha sigue siendo un día de luto personal. La catástrofe destruyó varias familias y dejó una profunda huella en la historia de la aviación rusa.
El avión y la tripulación: experiencia que no salvó
El avión no era en absoluto nuevo. Construido en 1985, prestó servicio en "Aeroflot", luego en la Fuerza Aérea de la URSS. Para diciembre de 1997, el "Ruslán" tenía 576 ciclos y 1034 horas de vuelo, encontrándose dentro de su vida útil.
A bordo viajaban 9 miembros de la tripulación y 14 pasajeros que acompañaban la carga: dos cazas Su-27 que debían partir hacia Vietnam. El comandante, el teniente coronel Vladimir Fiódorov, tenía 2800 horas de vuelo, el segundo piloto, Mijaíl Briujánov, más de 4000. Pero ni siquiera su experiencia resultó ser suficiente contra la casi completa pérdida de energía del avión tras el fallo en cascada de tres motores.
Causas de la catástrofe
Hasta ahora, la causa del incidente es objeto de numerosas disputas. En 2014, el ex jefe del servicio de seguridad de vuelos de la Fuerza Aérea, el general mayor de aviación Borís Tumánov, informó que se produjo un fallo de tres motores como resultado de un bombeo causado por un defecto de diseño: baja estabilidad gasodinámica.
Tumánov precisó que el motor nº 1 falló 6 segundos después del despegue, el motor nº 2 otros 6 segundos después, y el motor nº 3, 2 segundos después.
Aquel día de diciembre se cobró muchas vidas. Tanto la tripulación del avión, como los habitantes de las casas y los alumnos de la institución social. Muchos niños apenas comenzaban a vivir. Ahora, en el lugar de la tragedia, se encuentra el Templo de la Natividad de Cristo. Cada año acuden aquí personas cuyas vidas se vieron afectadas por esta catástrofe.
La catástrofe se convirtió en un punto de no retorno: se revisaron las normas de control del estado de los motores D-18T y se endurecieron los reglamentos de mantenimiento técnico. Hasta ahora, la tragedia se considera un ejemplo de cómo un fallo único puede llevar al colapso catastrófico de todo el sistema.