En el Abrams estadounidense, el conductor opera la máquina de varias toneladas casi como un automóvil. La electrónica ayuda a cambiar de marcha, controla el frenado y distribuye la carga a la transmisión. En el T-90M ruso, muchas soluciones parecen mucho más conservadoras.
Sin embargo, detrás de esto hay dos filosofías de construcción de tanques completamente diferentes. "Pervyy tekhnicheskiy" explica por qué los estadounidenses confiaron el control a las computadoras, mientras que los diseñadores rusos todavía apuestan por la fiabilidad mecánica.
El Abrams se parece más a un camión del futuro
En las versiones modernas del Abrams, el conductor no trabaja con palancas pesadas, sino con un volante que se asemeja al manillar de una motocicleta. La electrónica controla automáticamente la transmisión, ayuda con el frenado y monitorea el funcionamiento de la unidad de potencia.
Para la tripulación, esto es una gran ventaja. Conducir una máquina que pesa casi 67 toneladas se vuelve notablemente más fácil. El conductor se cansa menos durante las marchas largas, domina la técnica más rápido y puede prestar más atención al entorno.
El concepto estadounidense se basa en el hecho de que la electrónica compleja siempre se puede mantener rápidamente, y la infraestructura de reparación estará cerca de las tropas.
El T-90M conservó la vieja escuela
El enfoque ruso es completamente diferente. Aquí, lo principal no es la comodidad, sino la capacidad de la máquina para seguir moviéndose incluso después de sufrir daños graves.
En el T-90M, el conductor sigue trabajando a través de los controles tradicionales, conectados a la máquina mediante mecanismos lo más simples y fiables posible.
Cuanta menos electrónica compleja haya entre el hombre y la máquina, menor será la probabilidad de fallo en condiciones difíciles. Incluso con daños graves, muchos sistemas mecánicos siguen funcionando donde la electrónica sensible ya requeriría reparación.
¿Qué es más importante en el campo de batalla?
Desde el punto de vista de la comodidad, el Abrams parece el ganador indiscutible. Su manejo es más sencillo y la carga sobre el conductor es notablemente menor.
Aunque el T-90M pierde en comodidad, gana en facilidad de reparación y resistencia a un uso intensivo. Por eso, los diseñadores rusos siguen eligiendo soluciones que a primera vista pueden parecer anticuadas.





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