La revista «Vysshee obrazovanie v Rossii» (Educación Superior en Rusia) ha publicado el «Manifiesto del Centauro Epistémico», un texto programático sobre la situación de las ciencias humanas y sociales en el contexto de la proliferación de la inteligencia artificial generativa. El manifiesto fue desarrollado por un seminario de investigación en el Instituto de Tecnologías Humanitarias y Sociales de la NIU HSE; entre los autores se encuentran el vicerrector de la HSE, Dmitry Zemtsov, y el editor en jefe de la revista, Vladimir Nikolsky.

Los autores plantean el problema de la competencia de las «respuestas simples»: la IA las produce más rápido de lo que la ciencia logra obtener conocimiento fundamentado, y los fenómenos sociales cambian incluso antes de que concluyan las investigaciones. En su opinión, las ciencias humanas y sociales corren el riesgo de perder la iniciativa en la explicación del ser humano y la sociedad, así como el control sobre el lenguaje de su descripción.
La respuesta a este desafío, según los autores, es el «centauro epistémico», un sujeto funcional único de conocimiento, en cuyo contorno cognitivo general el trabajo cognitivo es realizado por la conciencia humana y la inteligencia artificial. El resultado obtenido en dicho contorno no es reducible a las contribuciones individuales de los participantes, y la responsabilidad por él recae enteramente en el investigador.
El conocimiento creado por el centauro se reconoce como igual en estatus al conocimiento creado por el ser humano, bajo tres condiciones:
- el carácter de la interacción con la IA es revelado,
- los resultados son verificados,
- la responsabilidad es asumida.
Al mismo tiempo, los principios del ethos de la ciencia —universalismo, colectivismo, desinterés y escepticismo organizado— conservan su validez también en las investigaciones de centauros. El investigador debe correlacionar la velocidad de trabajo de la máquina con la profundidad de su propia comprensión y evitar simplificaciones al estudiar fenómenos complejos. «La máquina puede equivocarse, pero no puede sorprenderse», subrayan los autores: notar lo inusual es una obligación humana, y un resultado anómalo solo puede convertirse en fuente de nuevo conocimiento después de una verificación rigurosa.

Se requiere especial precaución con una conclusión que suena convincente y conlleva graves consecuencias, pero es opaca en su origen. Las limitaciones éticas integradas en la IA no eximen al investigador de su propia evaluación: la conclusión debe sopesarse tanto por el criterio de la fiabilidad científica como por el de la ética humana.
Los autores también advierten que la IA generativa no es neutral: asimila de los textos de entrenamiento las formas de explicar el mundo, los silencios y los puntos ciegos. La imagen propuesta por la máquina no debe aceptarse como universal.
Proponen dejar la última palabra al ser humano
Proponemos que el manifiesto sea una oportunidad para repensar las políticas universitarias en el ámbito del uso de la IA. Es importante definir cómo evaluar la autonomía del investigador, qué enseñar a los estudiantes y cómo garantizar la fiabilidad del conocimiento creado en colaboración con la máquina
Para el desarrollo de la práctica, los autores proponen una comunidad horizontal de investigadores que intercambie métodos, discuta dificultades y verifique resultados; a largo plazo, según el manifiesto, esto requerirá un replanteamiento de los objetivos de la educación universitaria.
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