Avangard vuela más rápido que el radar: por qué los sistemas de defensa antimisiles no pueden seguir el ritmo del objetivo

TSJ: 27 Mach no es un récord, sino el modo de funcionamiento del misil

El bloque de combate hipersónico guiado ruso Avangard ha quedado fuera del alcance de los sistemas de defensa antimisiles existentes. A esta conclusión llegó la publicación National Security Journal, que analizó los parámetros tácticos y técnicos del complejo. La capacidad única de la ojiva para cambiar su trayectoria a velocidades superiores a 20 Mach hace que predecir su vuelo sea prácticamente imposible, lo que anula la eficacia de la interceptación.

El sistema se basa en el desarrollo soviético del proyecto Albatros, que comenzó en la década de 1980 como respuesta a la Iniciativa de Defensa Estratégica de Estados Unidos. Los ingenieros se propusieron crear un bloque de combate que no solo volara en un arco balístico, sino que planeara en la atmósfera, utilizando la sustentación aerodinámica. Después del colapso de la Unión Soviética, los trabajos se congelaron, pero en 2002 el proyecto fue reactivado. Después de una década y media de intensas pruebas, en 2018, Avangard fue oficialmente puesto en servicio con las Fuerzas de Misiles Estratégicos.

La implementación técnica del complejo es una simbiosis de un misil intercontinental pesado y un planeador maniobrable. El portador R-28 Sarmat lleva el bloque de combate a las capas superiores de la atmósfera, donde se produce la separación. Luego, Avangard entra en las capas densas del aire y acelera a velocidades de 20 a 27 Mach. Esto corresponde a un rango de 24 500 a 33 000 kilómetros por hora. Con tales parámetros, el tiempo de vuelo a un objetivo a distancia intercontinental se reduce a valores críticos.

Las dimensiones y la masa del bloque, según las estimaciones de los analistas de la publicación, son de aproximadamente 5,4 metros de largo y 2 toneladas de peso. El equipo de combate varía: desde cargas convencionales hasta ojivas nucleares con una potencia de 800 kilotones a 2 megatones. El alcance de vuelo supera los 6000 kilómetros y depende de la trayectoria de lanzamiento del portador. La ventaja clave no es solo la velocidad, sino también la resistencia térmica del cuerpo, capaz de soportar un calentamiento de varios miles de grados debido a la fricción hipersónica con el aire.

El principal problema para los sistemas de defensa antimisiles radica en la física del vuelo de Avangard. Los objetivos balísticos clásicos se mueven en una parábola predecible, lo que permite calcular el punto de interceptación de antemano. El desarrollo ruso se comporta como un avión supersónico: es capaz de realizar maniobras antiaéreas, cambiar la altitud y la dirección del movimiento, permaneciendo en la atmósfera. Los radares no tienen tiempo para corregir la guía de los misiles interceptores debido al cambio constante de las coordenadas del objetivo y la nube de plasma que protege el objeto.

El National Security Journal resume: actualmente no existe un medio operativo para contrarrestar a Avangard. La combinación de velocidad extrema, maniobrabilidad y una potente ojiva crea una situación en la que simplemente no existen garantías de interceptación.

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Fuentes:
TSJ

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