En las décadas de 1960 y 1980, la disposición de los motores en la cola se consideraba un estándar para muchos aviones de pasajeros. Aviones como el Tu-154, DC-9, Yak-42 e incluso los primeros modelos de Boeing 727 utilizaban activamente este esquema, y lo hacían con razón. Sin embargo, a principios del siglo XXI, esta arquitectura prácticamente desapareció de la aviación civil. ¿Por qué ocurrió esto?
Dificultades constructivas y centro de gravedad
Una de las razones clave para abandonar el esquema de cola fueron las limitaciones constructivas. La colocación de los motores en la parte trasera del fuselaje requiere un refuerzo significativo de toda la sección trasera de la aeronave. Esto no solo aumenta la masa de la estructura, sino que también desplaza el centro de gravedad hacia atrás, lo que dificulta el equilibrio del avión en todas las etapas del vuelo, desde el despegue hasta el aterrizaje.
Además, esta disposición conduce casi inevitablemente al uso de una cola en forma de T. Aunque permite colocar los motores más arriba del suelo y mejora la limpieza del flujo de aire, crea serios riesgos en caso de pérdida de sustentación. En regímenes críticos, el flujo de aire deja de bañar eficazmente los timones de profundidad, lo que puede provocar la pérdida de control, un factor que las normas de seguridad modernas consideran inaceptable.
Costos de explotación
Desde el punto de vista de la explotación, la ubicación de los motores en la cola también resultó ser menos ventajosa. El acceso a los motores para el mantenimiento es difícil, especialmente en los grandes aeródromos, donde el equipo de tierra está orientado a trabajar con motores bajo las alas. El tendido de las líneas de combustible a través de todo el fuselaje aumenta el peso y la complejidad del sistema, y en caso de incendio, el motor está más cerca de la cabina de pasajeros, lo que aumenta los riesgos para la seguridad.
Sin embargo, el factor decisivo fue el crecimiento físico del tamaño de los motores. Los modernos turboventiladores de alta eficiencia tienen un enorme diámetro de ventilador, a veces superior a los tres metros. Colocar estas unidades en la parte trasera del fuselaje se hizo técnicamente imposible sin un rediseño radical de toda la estructura. Bajo el ala, en cambio, no solo hay espacio para ellos, sino también una ventaja aerodinámica: el ala amortigua parcialmente el ruido y los motores se enfrían mejor con el flujo de aire.
No es un error, sino una evolución
El esquema de cola nunca fue un error, simplemente dejó de corresponderse con las nuevas realidades. El aumento de las exigencias en cuanto a eficiencia de combustible, seguridad, costo de mantenimiento y respeto al medio ambiente hizo que la ubicación de los motores bajo las alas fuera la solución óptima para la mayoría de los aviones de pasajeros modernos. Las excepciones permanecen solo en nichos de mercado, por ejemplo, en algunos jets de negocios regionales, donde la compacidad y el despegue corto son más importantes que otros factores.
Por lo tanto, la desaparición de los motores de cola de la aviación civil no es un fracaso del pensamiento de ingeniería, sino una etapa lógica de la evolución tecnológica.