La microelectrónica se ha convertido en el principal dolor de cabeza para la industria rusa. La producción de chips propios se limita actualmente a procesos tecnológicos de 65 nm y superiores, afirmó el analista Andrey Kuznetsov.
Según él, otro gran problema es el costo final de los chips. Producirlos en Russia a menudo es más caro que comprarlos en el extranjero.
Es una cuestión de escala: nuestras fábricas aún no producen volúmenes comparables a los gigantes de China o Europa, de ahí el mayor costo de producción, y por lo tanto, el precio para el consumidor.
Pero también hay señales positivas: Skoltech ha abierto la recepción de solicitudes para la fabricación de chips fotónicos. Además, los científicos del Keldysh Center han ideado cómo crear un litógrafo de rayos X, pero la producción en masa aún está lejos.




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