Expertos del Russian International Affairs Council (RIAC) encuestaron a empresarios brasileños y prepararon un informe sobre los puntos de entrada para las empresas de TI rusas. La conclusión: el mercado es grande, pero está profundamente ligado a las tecnologías estadounidenses y, por lo tanto, es vulnerable. La logística, la energía y los bancos brasileños dependen del GPS de Washington, los servidores y las computadoras funcionan con procesadores Intel y AMD, y la búsqueda y los sistemas operativos están casi monopolizados por los servicios de Google y Windows.
El principal factor limitante para las exportaciones rusas no es la competencia, sino el sistema fiscal, donde las tasas se superponen a nivel federal y municipal, y el límite máximo supera el cuarenta por ciento. A esto se suma una alta tasa de interés clave y barreras de sanciones: los bancos brasileños bloquean las transacciones con contrapartes rusas, lo que obliga a realizar pagos en dólares o euros a través de terceros. Como solución alternativa, se discuten el blockchain y la tokenización, pero en la jurisdicción rusa, la criptomoneda aún está prohibida como medio de pago.
La paradoja del mercado brasileño es que, a pesar de toda la regulación, la demanda de soberanía tecnológica está madurando allí. Los expertos del RIAC nombraron la ciberseguridad como la competencia más fuerte de las empresas rusas, y Brasil está buscando independencia en esta área. Fintech, EdTech y software industrial para el sector agrícola son otros tres nichos donde las soluciones desarrolladas por los desarrolladores rusos pueden ingresar sin una confrontación frontal con los gigantes estadounidenses. El informe también señala que el fintech ruso y brasileño se desarrollaron en una trayectoria similar, lo que crea una base para el intercambio tecnológico.
Los analistas del RIAC aconsejan no intentar ingresar al mercado con un producto empaquetado solo, sino buscar un socio local que se encargue de la tropicalización del software y guíe el producto a través de la regulación local. Brasil sigue siendo un país cerrado, pero el número de empresas dispuestas a la expansión internacional está creciendo allí. Quien logre integrarse en este proceso en la etapa piloto, según los autores del informe, tendrá acceso al mercado de TI más grande de América Latina.