El diseñador Nikolai Kirillov patentó el proyecto de un gran submarino no nuclear con una instalación nuclear auxiliar de baja potencia. La idea elimina el problema clave de los submarinos diesel-eléctricos clásicos (DEPL): la necesidad de salir a la superficie para recargar las baterías.
En un DEPL convencional, los acumuladores energéticos garantizan el funcionamiento bajo el agua solo durante unos pocos días. Después de eso, el submarino se ve obligado a subir hasta la profundidad de periscopio para poner en marcha los generadores diésel y recargar las baterías.
En las condiciones modernas, esa táctica casi garantiza la detección por parte de vehículos aéreos no tripulados, radar o cámaras térmicas del enemigo, lo que reduce críticamente el sigilo.
Kirillov propuso un esquema energético híbrido. El proyecto prevé la instalación de una central nuclear monobloque de baja potencia de hasta 1 MW en combinación con un motor diesel-eléctrico y baterías.
El reactor nuclear con baja presión del refrigerante y el módulo energético basado en el ciclo orgánico de Rankine generan electricidad en posición sumergida sin salir a la superficie.
Esto proporciona al submarino una autonomía significativamente mayor bajo el agua, un menor consumo de combustible diésel y menor volumen de tanques, una reducción del tiempo necesario para salir a la superficie para recargar, y un mayor sigilo en la zona de patrulla de combate.
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