Los vehículos eléctricos se han convertido en una parte integral del paisaje urbano moderno, pero en situaciones críticas su uso conlleva dificultades especiales. Las principales fuentes de ignición son el sobrecalentamiento de las baterías y el funcionamiento incorrecto de las estaciones de carga.
Los bomberos del Ministerio de Situaciones de Emergencia de Perm demostraron una alta velocidad de respuesta, extinguiendo el incendio de dos automóviles en un estacionamiento en seis minutos. Sin embargo, los ejercicios revelaron una seria amenaza: las baterías de alto voltaje de los vehículos eléctricos, cuando se dañan mecánicamente, son propensas a cortocircuitos. Este proceso se acompaña de la liberación de calor y humo, y puede terminar en una explosión.
El uso de extintores de polvo y espuma en etapas posteriores de la ignición del transporte eléctrico puede no ser efectivo. El polvo puede formar una capa aislante, impidiendo la penetración del agua y exacerbando el sobrecalentamiento de los elementos de la batería. La espuma, aunque es capaz de suprimir la llama abierta, no siempre puede alcanzar las celdas internas de la batería, donde continúan los procesos de embalamiento térmico.
Es por eso que para la eliminación final de un incendio de un automóvil eléctrico se requiere una cantidad significativa de agua, lo que garantiza un enfriamiento efectivo de toda la batería. El agua penetra entre los elementos, disipando el calor y previniendo la reignición. A menudo se requieren miles de litros de agua para detener por completo los procesos que ocurren dentro de la batería.