Después de la partida de los proveedores extranjeros, los especialistas rusos se enfrentaron al problema del acceso a equipos para el análisis de la seguridad de los microchips. La solución fue presentada por el centro de I+D Positive Labs de Positive Technologies, que desarrolló el primer complejo láser en Rusia para la investigación de la seguridad de la microelectrónica.
El nuevo sistema se denominó LFI-26 (Laser Fault Injection). Hasta 2022, las empresas rusas adquirían soluciones similares de la empresa francesa ALPhANOV y la holandesa Riscure. En el país no se producían complejos universales de esta clase.
La tecnología permite causar fallas controladas en el funcionamiento de los microchips con una precisión de microsegundos mediante una exposición láser dirigida. Esto ayuda a los especialistas a identificar vulnerabilidades en la protección de hardware de los dispositivos. Dichas investigaciones se utilizan para probar chips para tarjetas bancarias, cajeros automáticos, criptobilleteras, teléfonos inteligentes, equipos IoT, electrónica automotriz e incluso naves espaciales.
A primera vista, puede parecer que se trata de una herramienta para hackear. En la práctica, estos complejos se utilizan para la tarea inversa: encontrar puntos débiles antes de que los atacantes puedan explotarlos. Cuanto antes se detecte una vulnerabilidad a nivel de microchip, más barato y fácil será eliminarla.
Según Aleksey Usanov, jefe del centro de I+D Positive Labs, el complejo propio era necesario para preservar las competencias en seguridad de hardware y el análisis independiente de chips tanto extranjeros como nacionales.
LFI-26 se convirtió en parte de la línea de equipos de investigación de Positive Labs, que también incluye los complejos de impacto electromagnético EMFI-26 y el sistema de análisis de canales laterales EMSCA-26.



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