Los diamantes de impacto, formados por el impacto de un meteorito hace 35 millones de años, pueden ser más efectivos que los diamantes sintéticos industriales en la producción de herramientas de corte y pulido. Según Antonina Levashenko, jefa de laboratorio del Instituto Gaidar, el yacimiento más grande del mundo de estos cristales se encuentra en el cráter Popigai en Siberia. A diferencia de los diamantes de kimberlita, estas piedras son opacas, tienen defectos, pero poseen una abrasividad y resistencia al calor únicas.
Estudios de la Russian Academy of Sciences para 2019-2026 confirmaron: los compuestos y micropolvos basados en diamantes de impacto demuestran una resistencia al desgaste 3-6 veces mayor que sus análogos y soportan temperaturas extremas. En la práctica, esto significa que una herramienta hecha de dicho material se desgasta menos al cortar hormigón, pule mejor la superficie y funciona más tiempo al perforar pozos profundos.
Los productos basados en ellos se consideran un reemplazo puntual de los sintéticos chinos en industrias de alta tecnología, desde la electrónica y la ingeniería de cohetes hasta la energía nuclear y la medicina.
De hecho, el yacimiento de Popigai se está convirtiendo en una reserva estratégica de materiales superduros, capaz de garantizar la independencia instrumental en sectores críticos.




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