En la noche del 4 al 5 de mayo, una tormenta geomagnética de clase media, nivel G2, golpeó la Tierra. La fuente de la perturbación fue una eyección de masa coronal que el Sol produjo el 30 de abril. Así lo informaron los especialistas del Laboratorio de Astronomía Solar del IKI y ISZF.
A pesar de la baja intensidad del evento y un viaje de casi una semana a través del espacio interplanetario, la nube de plasma mantuvo su estructura y, al alcanzar la magnetosfera del planeta, provocó una reacción notable.
Los científicos admiten que esperaban que la eyección se disipara durante un viaje tan largo, pero la masa coronal no se desintegró y llegó suavemente a la Tierra. Como resultado, se observaron auroras boreales en latitudes altas, que en su pico de actividad alcanzaron aproximadamente 8 puntos en una escala de diez puntos.
La actividad de llamaradas actual en el lado visible del Sol sigue siendo baja: hay muchas manchas en el disco, pero las llamaradas en sí son raras y en su mayoría pertenecen a clases débiles.

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