La depresión ahora se puede detectar con resonancia magnética con un 86% de precisión

El algoritmo de IA creado en la REU Plekhanov encuentra cambios en el cerebro que no son visibles con los métodos habituales

La depresión, que a menudo es difícil de diagnosticar con precisión, ahora se propone detectarla mediante escáneres cerebrales. Científicos rusos han desarrollado un algoritmo que, a partir de datos de resonancia magnética, distingue a los pacientes con depresión clínica de las personas sanas con una precisión de hasta el 86%. El servicio de prensa de la Russian Science Foundation anunció el desarrollo.

Según Semyon Kurkin, investigador principal del Instituto de Investigación de Inteligencia Artificial Aplicada y Soluciones Digitales de la REU Plekhanov, se ha creado una herramienta para el diagnóstico temprano de la depresión, una de las causas más comunes de discapacidad.

El método permite encontrar alteraciones ocultas en la interacción de grandes redes cerebrales que no se detectan con los métodos de diagnóstico tradicionales.

El trastorno depresivo mayor se acompaña de cambios en el funcionamiento de áreas individuales del cerebro. Estos cambios se pueden ver en la resonancia magnética o mediante el diagnóstico funcional, pero antes eran difíciles de interpretar con precisión.

El nuevo enfoque utiliza dos tecnologías de aprendizaje automático a la vez, que analizan las mismas imágenes de resonancia magnética. La primera estudia cómo se organizan las redes neuronales del cerebro y cuáles de ellas están más fuertemente relacionadas con los cambios en el comportamiento humano. La segunda es un enfoque contrastivo que compara estas características en pacientes con depresión y en otras personas.

En combinación, estos métodos permiten detectar cambios pequeños pero clínicamente importantes en la estructura del cerebro. Esto es lo que proporciona una precisión de hasta el 86%, que es significativamente mayor que la mayoría de los algoritmos existentes, que suelen mostrar alrededor del 50% o menos.

Según los investigadores, este enfoque abre el camino a un tratamiento más personalizado y puede mejorar la calidad de vida de los pacientes, así como reducir la carga socioeconómica de la enfermedad.

En el futuro, los científicos planean aplicar este método a otras enfermedades, como la esquizofrenia y el trastorno bipolar.

Según la Organización Mundial de la Salud, más de 330 millones de personas en todo el mundo sufren de depresión. Al mismo tiempo, una parte significativa de los pacientes son jóvenes de 15 a 29 años.

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