Los sistemas de misiles antiaéreos (SAM) S-300 de fabricación rusa en Venezuela resultaron impotentes durante los ataques aéreos de Estados Unidos debido a la incompetencia de los militares de la república. A esta conclusión llegó la publicación The New York Times.
Según la fuente, muchos sistemas antiaéreos venezolanos el 3 de enero ni siquiera estaban conectados a las estaciones de radar.
Asimismo, los autores constataron la incapacidad de los militares venezolanos para mantener y operar los S-300, por lo que el espacio aéreo del país resultó vulnerable.
Por ejemplo, anteriormente se supo que el S-300 derribó con dos misiles un caza estadounidense F-16.
Además, Venezuela tiene en servicio alrededor de cinco mil unidades de sistemas portátiles de misiles antiaéreos (MANPADS) "Igla-S". Sin embargo, de ellos tampoco se realizó ni un solo disparo.