Durante las pruebas en el campo de tiro, militares rusos probaron cartuchos antidrones artesanales de calibre 12,7×108 mm, desarrollados para ametralladoras pesadas "Kord", "Utyos" y DShK. La característica de la munición es una bala en forma de cápsula de plástico con perdigones en su interior, fabricada con una impresora 3D.
Los disparos se realizaron en ráfagas cortas de cinco cartuchos a una distancia de 200 metros. Dos perdigones impactaron en el blanco de papel, y otros tres alcanzaron la parte inferior de un escudo de contrachapado. Anteriormente, se probaron cartuchos de escopeta similares con bala de plástico en calibre 5,45 mm, pero aún no han tenido una amplia difusión en el frente.
Aunque el desarrollo no es de fábrica, su ventaja es el bajo costo y la posibilidad de una producción rápida en condiciones de campo. Sin embargo, la precisión a una distancia de 200 metros sigue siendo baja, lo que limita su aplicación. No obstante, las pruebas en sí confirman el interés en medios baratos para contrarrestar los drones.
Anteriormente, para combatir los UAV, se propuso un cartucho de calibre 12,7 mm con una bala aleteada de acero de alta resistencia, pero la versión de plástico es significativamente más barata. Todavía no está claro si estos cartuchos entrarán en producción masiva o seguirán siendo un desarrollo experimental.