Durante las vacaciones, los estafadores buscan víctimas más activamente en juegos, redes sociales y mensajería. Prometen a los adolescentes moneda gratuita, trucos o regalos, y luego les piden que sigan un enlace, instalen un archivo o digan un código de un SMS.
Cuando un niño cae en la trampa, comienza la presión. Los estafadores se apresuran, intimidan con problemas para la familia, se presentan como agentes de la ley y exigen acceso al teléfono o a las aplicaciones bancarias de los padres.
Bajo el pretexto de juegos y mods, también se instalan programas maliciosos en los dispositivos. Estos pueden leer correspondencia, recopilar fotos y acceder a la cámara, el micrófono y las cuentas de trabajo de los adultos. En un año, los especialistas registraron más de 19 millones de tales intentos.
El dinero no siempre es el final del asunto. Los adolescentes son cada vez más involucrados en el "dropper", incendios provocados y otros delitos, primero prometiendo ganancias y luego recurriendo a amenazas y chantaje.
Se aconseja a los padres que presten atención a la repentina reserva, la eliminación de correspondencia y la ansiedad después de comunicarse en línea. Lo principal es no castigar al niño, sino interrumpir el contacto con los estafadores, guardar los mensajes y contactar a la policía.




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