Científicos de la Universidad Politécnica Nacional de Investigación de Perm utilizaron por primera vez gas de combustión para cultivar microalgas, que luego se utilizaron como fertilizante. En lugar de liberar las emisiones de gases de las empresas industriales a la atmósfera, los investigadores las dirigieron a un medio nutritivo con algas. Normalmente, para esto se utiliza dióxido de carbono comercial caro o aire atmosférico, en el que el CO₂ es demasiado escaso.
En los experimentos, los científicos compararon dos cultivos: una cepa comercial pura y una comunidad natural de un cuerpo de agua dulce. Ambos se cultivaron con gas de combustión, después de lo cual la biomasa resultante se aplicó al suelo con semillas de colza. La cultura pura mostró el mejor resultado: la longitud y la masa de las plántulas aumentaron en un 13%, la germinación alcanzó el 97% y la velocidad de germinación aumentó en un 6%.
Según explicaron en la universidad, las microalgas contienen todos los macronutrientes principales (nitrógeno, fósforo, potasio), así como micronutrientes, aminoácidos y fitohormonas. Después de cultivarlas con gas de combustión, la concentración de magnesio y fósforo en la biomasa aumenta de 2 a 3 veces. Además, el fertilizante no contiene patógenos, antibióticos ni toxinas, no acidifica el suelo y se descompone rápidamente. La tecnología permite reducir los costos de producción y brinda a las fábricas la oportunidad de convertir los residuos en un producto útil, lo que es especialmente relevante en el contexto de una legislación ambiental más estricta.
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