El estudiante de décimo grado de la escuela de Moscú №2010, Elkhan Shabanov, desarrolló un prototipo de envase biodegradable que cambia de color por sí mismo cuando el producto comienza a estropearse. Esta película está diseñada para llamar la atención del consumidor sobre el problema de antemano, antes de que se concentre exclusivamente en la fecha de caducidad indicada en la etiqueta.
La base del desarrollo fueron la gelatina alimentaria, la glicerina y las antocianinas del repollo morado. Es el pigmento natural el que funciona como indicador: cuando la carne o el pescado se estropean, el envase cambia de color de violeta a azul y luego a verde esmeralda. Si un producto lácteo se agria cerca, la película se vuelve rosa.
La idea es que, en caso de almacenamiento inadecuado, la fecha de caducidad no siempre muestra el estado real del producto. El nuevo envase debe reaccionar a los cambios en el ambiente dentro de él y señalar directamente que es mejor no consumir el producto.
A diferencia del plástico común, que puede tardar cientos de años en descomponerse, la película de gelatina se recicla completamente en el suelo en aproximadamente 14 días. No es tóxica y está compuesta por componentes alimentarios.
La tecnología se puede replicar incluso en casa. En el futuro, el estudiante quiere reemplazar la gelatina con cera natural para hacer el envase más resistente a la humedad, y luego probarlo con muestras reales de productos cárnicos. El desarrollo podría convertirse en la base para etiquetas "inteligentes" en productos perecederos.