Según los cálculos del Instituto de Sistemas Robóticos de la HSE, la entrega por parte de una persona cuesta muchas veces más. Por ejemplo, transportar un paquete de 3 kg a una distancia de 1 km por mensajero cuesta unos 132 rublos, mientras que un robot lo haría por solo 23 rublos.
En escenarios reales, como la entrega de alimentos, los pedidos primero se recogen no en una tienda normal, sino en un almacén especial: un darkstore. Este almacén está cerrado a los compradores. Aquí se recogen rápidamente los pedidos y se entregan para su envío.
Y aquí la diferencia se hace aún más notable: la entrega desde dicho almacén por una persona cuesta aproximadamente 303 rublos, por drones, alrededor de 250, y por robots antropomórficos, ya 142 rublos.
La razón es simple: el robot no recibe un salario, no se cansa y puede trabajar las 24 horas. Actualmente, el mantenimiento de los robots cuesta entre un 49 y un 66% menos que el salario de los mensajeros.
Al mismo tiempo, los propios robots no son baratos: alrededor de 1,8 millones de rublos por uno. Además, casi la mitad de esta cantidad se destina a "manos". Pero con un gran flujo de pedidos, estas inversiones pueden dar sus frutos.
El mercado de entregas continúa creciendo: tanto el número de pedidos como la facturación total aumentan año tras año. Pero también hay problemas: los robots aún no se adaptan bien a las condiciones reales de la ciudad: nieve, malas carreteras, vandalismo y comportamiento impredecible de las personas.
Por lo tanto, ahora el mercado está dividido. Los rovers y los drones son más adecuados para las calles, mientras que los robots humanoides son más útiles en espacios cerrados, por ejemplo, en complejos residenciales, centros de negocios o almacenes.
Es allí donde pueden desarrollar su potencial: trabajar sin interrupciones y reemplazar gradualmente a las personas en tareas rutinarias.
Pero todavía no habrá una transición masiva. Todo depende de la seguridad: si los robots comienzan a crear riesgos, la confianza en ellos desaparecerá rápidamente.