La situación con la actividad solar se está desarrollando rápidamente. Tras la reciente y potente llamarada que se produjo hoy, una nube de plasma se dirige hacia la Tierra, y su trayectoria sigue siendo extremadamente inestable.
Según los primeros modelos, la eyección podría rozar el planeta en la noche del 1 de abril. En este caso, la Tierra se encontraría dentro del flujo de materia solar durante unos 2 o 3 días. Sin embargo, la más mínima desviación cambia el escenario: si se desplaza hacia un lado, la nube pasará de largo; si se desplaza hacia el otro, golpeará la parte central, la más densa.
Los nuevos datos de los coronógrafos muestran una imagen más severa: la eyección parece dirigirse casi directamente al observador. Esto ha reforzado el pronóstico, y ahora los especialistas están considerando la probabilidad de una tormenta magnética de nivel G3.
Para entenderlo: la escala de las tormentas geomagnéticas se divide de G1 a G5. El nivel G3 ya es una tormenta fuerte que puede:
- causar fallos en el funcionamiento de los satélites
- influir en el GPS y la navegación
- crear interferencias en la radiocomunicación
- intensificar las auroras polares hasta latitudes medias
Por eso, los especialistas de la NOAA están recalculando los modelos prácticamente en tiempo real: el pronóstico sigue siendo límite.
La paradoja de la situación es que todo se decide por unos pocos grados. Por ahora, el escenario oscila entre "casi nada" y "un fuerte golpe a la magnetosfera".
Si el Sol emite otra nube en dirección a la Tierra en las próximas 24 horas, la incertidumbre desaparecerá, pero las consecuencias podrían ser más notables.
Por ahora, solo queda observar: las próximas horas serán cruciales.