Un equipo internacional de investigadores, con la participación de especialistas de San Petersburgo y Cheliábinsk, ha desarrollado un cristal brillante único que puede convertirse en la base de chips cuánticos, redes de nueva generación y láseres médicos.
La base del desarrollo es una estructura organometálica basada en erbio y ácido trimesínico. El cristal es capaz de convertir la luz invisible en visible gracias a una estructura atómica especial no centrosimétrica que permite mezclar eficazmente las ondas de luz.
En el experimento, se dirigió un láser infrarrojo (invisible al ojo) a un cristal de 50 micras de tamaño, y a la salida se obtuvo todo un espectro de colores, desde el violeta hasta el rojo oscuro. Esta propiedad puede utilizarse en ordenadores cuánticos, detectores y cirugía láser.
En el trabajo participaron empleados de la ITMO, la Universidad Estatal del Sur de los Urales, así como sus colegas de Francia y Uzbekistán. Los resultados se publicaron en la revista "Reviews on Lasers and Photonics".