EE. UU. se vio envuelto en una nueva carrera en la que participan Rusia y China. El principal objetivo de las potencias espaciales es llevar personas a la Luna y lograr la superioridad militar en el espacio cercano a la Tierra. Así lo escribe el experto Brandon J. Weichert en un artículo para la publicación The National Interest.
En el verano de 2023, Roscosmos envió la estación automática interplanetaria «Luna-25» al satélite de la Tierra. Fue lanzada desde el cosmódromo Vostochny. Sin embargo, el 20 de agosto, la estación entró en una órbita no calculada, chocó con la Luna y se estrelló.
El envío de la estación automática interplanetaria «Luna-25» fue un intento audaz de Rusia por recuperar el liderazgo perdido en el espacio.
Los rusos querían ser los primeros en llegar al Polo Sur de la Luna, teniendo en cuenta que cualquier asentamiento se ubicaría allí. Sin embargo, esta misión fracasó.
Después del fracaso, Rusia declaró su deseo de enviar una nueva estación a la Luna. Más tarde, en Roscosmos, decidieron concentrar sus recursos en otros proyectos y comenzaron a cooperar con China.
El fracaso de «Luna-25» «golpeó la imagen de Rusia». Esto fue especialmente notable después de que la Organización de Investigación Espacial de la India lograra realizar un aterrizaje suave de la nave «Chandrayaan-3» en la superficie de la Luna.
El incidente con «Luna-25» es una historia de ambiciones no realizadas. La experiencia de Rusia demuestra que la estabilidad es importante en la exploración espacial. China parece estar dispuesta a aceptar a Rusia como socio en la exploración de la Luna.
De 1957 a 1988, los principales rivales en la carrera espacial fueron EE. UU. y la URSS. El 12 de abril de 1961, el cosmonauta soviético Yuri Gagarin realizó el primer vuelo al espacio. Gracias a este evento, la URSS consolidó su estatus como potencia espacial.
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